Isópodo Laevis 'Milkback'
- Grupo
- Isópodos
- Disponibilidad
- Agotado
- Formato
- Paquete de 6 ejemplares
Ficha de cuidados
Descripción general
Morph de línea seleccionada de Porcellio laevis, criado por las manchas blanco leche que le dan el nombre. Van salpicadas sobre un cuerpo gris liso y brillante, y tienden a extenderse y aclararse conforme el animal madura, así que un adulto se ve bastante más marcado que un juvenil. Ese caparazón liso y pulido es justo lo que separa a laevis de parientes de concha rugosa como el scaber.
Llega hasta unos 20 mm y comparte los cuidados del resto de la especie: fácil, resistente y de los que más crían. En buenas condiciones las hembras sacan camadas de 20 a 40 crías cada par de meses, y los juveniles salen como versiones diminutas de los adultos, comiendo lo mismo desde el primer día. Esa productividad es lo que lo vuelve un caballito de batalla tanto para limpieza de terrarios bioactivos como para colonia alimento.
Como todo laevis, no se enrolla en bola: al asustarse sale corriendo. Es un animal veloz y siempre en movimiento, y por eso resulta entretenido de observar.
Hábitat y comportamiento
Poco exigente, y por eso es de los mejores primeros isópodos. Un bote con tapa de presión y buena ventilación cruzada le basta; entre más grande mejor, porque crecen bastante y se multiplican rápido. Dales mucho refugio en la superficie: corcho, trozos de corteza y una capa gruesa de hojarasca que puedan trabajar.
El sustrato debe ser nutritivo: tierra fermentada, madera dura bien podrida y tierra orgánica sin tratar, con profundidad suficiente para que las hembras excaven sus cámaras de cría. La fibra de coco sola no sirve como base: retiene agua pero no alimenta a un animal que come del propio sustrato.
Con la humedad casi todos se pasan. Quieren humedad moderada con un gradiente claro, no un bote parejo y empapado: deja un extremo húmedo y el otro seco y aireado, y ellos usan los dos. Toleran un rango amplio de temperatura, de 16 a 32 °C, y crían más rápido con calor. El calcio debe estar siempre disponible, en hueso de sepia o caliza triturada: un animal de este tamaño gasta mucho en cada muda.
Un aviso honesto: los Porcellio laevis trepan bien y son escapistas consumados. Suben por el silicón, la malla y las esquinas ligeramente rugosas de muchos terrarios, así que van mejor en un bote con tapa que cierre bien que en un montaje abierto. Contémplalo desde el principio y no dan un solo problema. Tampoco deben tener acceso a agua estancada: se ahogan.
Alimentación
La hojarasca y la madera en descomposición son la base y nunca deben faltar. Encima aceptan verdura con entusiasmo, sobre todo calabacita, zanahoria, calabaza y camote, y acaban con una rebanada más rápido de lo que esperas.
El detalle que casi nadie menciona: Porcellio laevis necesita mucha más proteína que el isópodo promedio, y tiene que estar siempre disponible, no como premio ocasional. Una colonia bien alimentada no da un solo problema; una a media ración va a buscar proteína donde la encuentre, y eso puede significar mordisquearse entre ellos, atacar compañeros de cuerpo blando o, en un terrario bioactivo, la piel de un reptil dormido.
La solución es sencilla y barata: pupa de gusano de seda seca, hojuelas de pescado, camarón seco o alimento de insecto seco, siempre presentes. Si los metes en un terrario con otros animales, trata la proteína como parte del montaje y no como un extra. Retira pronto lo fresco que no se coman para que no enmohezca.
Notas de esta especie
Es de los isópodos que más rápido se reproducen y no necesita ayuda de tu parte. Las hembras cargan la camada en una bolsa bajo el cuerpo y liberan crías ya formadas; con calor y comida constante, un grupo inicial se vuelve una colonia productiva en cuestión de meses. El problema suele ser el contrario: terminar con más de los que planeabas. Por eso mismo se usa tanto como especie alimento: una colonia madura da excedente indefinidamente sin resentirse.
Va bien para quien empieza, para montajes bioactivos y para cualquiera que quiera un isópodo que se vea trabajar. El único caso donde no lo recomiendo es acompañado de animales pequeños, delicados o de cuerpo blando: ahí el tema de la proteína lo vuelve mal vecino.
Y recuerda que no se enrolla en bola: si buscas un isópodo que se haga pelotita, esta no es la especie.


